Capítulo 3. Lucha por la vocación. Nuevas amistades. Primera enfermedad

Estuve año y medio en este monasterio harto mejorada. Comenzó esta buena compañía a desterrar las costumbres que había hecho la mala y a tornar a poner en mi pensamiento deseos de las cosas eternas. Comencé a rezar… y a procurar con todas me encomendasen a Dios, que me diese el estado en que le había de servir.

Dióme una gran enfermedad, que hube de tornar en casa de mi padre. Estaba en el camino un hermano de mi padre, muy avisado y de grandes virtudes… Quiso que me estuviese con él unos días. Su ejercicio era buenos libros de romance, y su hablar era lo más ordinario de Dios.

Aunque fueron los días que estuve pocos, con la fuerza que hacían en mi corazón las palabras de Dios, así leídas como oídas, y la buena compañía, vine a ir entendiendo la verdad de cuando niña”. Y aunque no acababa mi voluntad de inclinarse a ser monja, vi que era el mejor y más seguro estado; y así poco a poco me determiné a forzarme para tomarle.

Dióme la vida haber quedado ya amiga de buenos libros… que me animaban de suerte que me determiné a decirlo a mi padre… Era tanto lo que me quería, que en ninguna manera lo pude acabar con él… Lo que más se pudo…, fue que después de sus días haría lo que quisiese. Yo ya temía a mí y a mi flaqueza, no tornarse atrás; y así no me pareció me convenía esto, y procurélo por otra vía…

2018-11-05T12:05:30+00:00