El Libro de la Vida

Santa Teresa, confusa por las gracias que recibía de Dios, convencida de que no correspondían con su vida, que ella consideraba mediocre, consultó a varios sacerdotes sobre su vida. Nos dice:

“Tratando con aquel siervo de Dios toda mi alma, me declaró lo que era y me animó mucho. Dijo ser Espíritu de Dios, que era menester  tornar de nuevo a la oración y que en ninguna manera la dejase, sino que me esforzase mucho, pues Dios me hacía tan particulares mercedes; que qué sabía si por mis medios quería el Señor hacer bien a muchas personas, y otras cosas (que parece profetizó lo que después el Señor ha hecho conmigo). …. Díjome tuviese cada día oración en un paso de la Pasión, y que me aprovechase de él, y que no pensase sino en la Humanidad (de Cristo).

Dejóme consolada y esforzada, el Señor me ayudó. Quedé determinada de no salir de lo que me había mandado”.

 

2019-10-07T09:50:36+00:00