Me da la impresión de que a veces nos cuesta enfrentarnos a los tópicos que han ido formando parte de la humanidad desde siempre. Cuando era adolescente, me desagradaba mucho que mis familiares siempre comentaran que la gente joven había perdido la vergüenza y que en sus tiempos todo era de otra manera (parece ser que mejor). Hoy, cuando escucho a mis coetáneos hacer los mismos comentarios, me sigue molestando.

Es fácil recordar con nostalgia la infancia, la juventud, las épocas pasadas, sin querer ser conscientes de que les damos un barniz de brillo y belleza cuando, en realidad, muchos no vivimos tiempos tan buenos ni gloriosos en el pasado. Creo, además, que es un error porque, quizás, esa nostalgia nos distrae de lo bueno que tiene nuestra vida en la actualidad, aunque no tengamos quince años.

Reflexionando sobre todo esto, me molesta especialmente que muchas personas a partir de ciertas edades, metan en el mismo saco a todos los jóvenes y digan de ellos que son maleducados, vagos, que no han luchado por lo que tienen y una larga serie de etcéteras. Acompañando el discurso del típico comentario: “en mis tiempos…”

Hace años que trabajo con adolescentes y jóvenes. Nunca he encontrado a ninguno igual a otro. Evidentemente, todos comparten rasgos de la misma edad, madurez y generación a la que pertenecen, pero todos son distintos. Muchos de los adolescentes y jóvenes con los que he tenido la suerte de trabajar son buenos, trabajadores y solidarios; algunos de ellos no llegan a tanto pero, la mayoría, son personas que, con el tiempo y la madurez, llegarán a aportar mucho a la sociedad en la que vivimos. Me enorgullece ver a mis antiguos alumnos, muchos de los cuales no eran alumnos modelo, haber terminado su formación, trabajar de manera responsable y honrada, hacer voluntariado, comprometerse en causas justas, formar familias… Lo que quiero decir con todo esto es que creo que no todo tiempo pasado fue mejor, que cada tiempo tiene sus aspectos buenos y malos y que nuestros jóvenes tienen mucho más de bueno, creativo y solidario de lo que pensamos.

Hace tiempo que tengo esta idea en la cabeza y, en estos días en los que todos hemos visto cambiar radicalmente nuestra vida, me reafirmo en ello. Millones de niños, adolescentes y jóvenes españoles están encerrados en casa en una edad en la que salir y relacionarse es lo más importante de sus vidas. En estas semanas de clases online, he encontrado a una mayoría de alumnos preocupados, responsables, queriendo salir adelante a pesar de la incertidumbre y de que presienten que el mundo no volverá a ser como antes. Intentos de positividad y creatividad en medio de la preocupación por sus familias, el trabajo de sus padres o la vulnerabilidad de sus familiares mayores.

Os invito a que miremos a los jóvenes de hoy con otros ojos, reconociendo sus limitaciones, entiendo sus procesos, respetando su madurez y, sobre todo, valorando lo mucho de bueno que tienen. No pongamos nuestra época juventud como ejemplo de nada, seguro que también metimos la pata en más de una ocasión. Apoyémoslos en sus decisiones, aunque se equivoquen, y orientémoslos desde la escucha y el respeto. Es posible que la mejor labor que podamos hacer con ellos durante estos días sea esa: escuchar.